Piedras, rodapiés y el vértigo de los comienzos

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Hay días en los que el proyecto se siente como un collage gigante. Unimos piezas, recuperamos maderas que han visto pasar décadas y soñamos con el color de los últimos rodapiés. Pero detrás de la estética, de la búsqueda del verde perfecto para la cocina o del vichy rojo para La Catusa, está la realidad de los cimientos.

Esta semana el Diario se escribe entre trámites y esperas. Estamos preparando la casa para que no solo sea un lugar donde dormir, sino un hogar que cumpla con cada promesa de seguridad y bienestar. Hay un nudo en el estómago cuando esperas al técnico del ayuntamiento, es el vértigo de quien quiere hacer las cosas bien, con honestidad y respeto por esta tierra de La Rioja que nos rodea.

A veces la reforma no va tan rápido como nos gustaría, pero hemos aprendido que las casas con alma tienen su propio ritmo. Al igual que el vino que descansa al otro lado de nuestra linde, La Casa de los Puentes necesita tiempo para madurar.

Hoy, mientras espero que los papeles se pongan en orden, me refugio en los detalles: en el aroma de la higuera, en el dibujo de las vigas de 1940 y en la certeza de que, muy pronto, serás tú quien escriba sus propias historias en estas paredes.

Gracias por acompañarnos en este viaje analógico. El puente está casi terminado.

¿Alguna vez has sentido ese miedo al empezar algo importante? Te leo en los comentarios

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